9/1/09

La cancha de Fútbol

La cancha es la testigo ocular de cada partido de fútbol que se disputa sobre ella. Cada fin de semana decenas de personas la pisotean con desprecio sin mirarla siquiera. Por la brutalidad que tomó el deporte estos días suelen volar pedazos de pasto por los aires y los tapones no vuelan pues están bien ajustados al zapato.
La cancha siente aliviada cuando un objeto de forma redonda llamado pelota peina y acaricia el césped. A pesar de lo que aparenta el balón no es el mejor amigo de la cancha. Este es un hombre que la quiere ver lucir en su máximo esplendor, el “canchero”. Depende del trabajo de este hombre para lucir espectacular cada partido.
Rara vez sentimos un “qué buen trabajo hizo el canchero”, lo más común es “qué bien que está la cancha”. Pero si damos vuelta la situación advertiremos que, cuando ella está mal, la culpa es propia (qué mal está la cancha) y no de quien no hizo bien su trabajo, el de cuidarla. Quién la cuida no recibe elogios por su labor pero cuando hace su trabajo de forma incorrecta la culpa increíblemente no recae sobre el sino sobre la cancha. Y yo pregunto a modo de reflexión, ¿Qué culpa tiene un objeto de que quién lo cuide sea un inepto y por qué un buen canchero debe tolerar que un objeto le robe el crédito? Este mundo está cada vez más loco. Canchas que se cuidan solas y cancheros que se lavan las manos cuando no hacen su trabajo correctamente.
Este señor la riega, corta su césped y ya que es su trabajo es el máximo interesado en que cuando deba estar a disposición, el campo de juego esté acorde a las circunstancias. Durante el calentamiento previo, el partido y la invasión de los periodistas hacia la cancha, la misma se ve vulnerable y no está aquel salvador que supo cuidarla y mimarla durante toda la semana, para liberarla de la maldad en esta ocasión.
El canchero se encuentra el día posterior al partido con un campo destruido por el encuentro disputado. No ha de ser muy agradable que decenas de personas rompan en 90 minutos el campo de juego que él durante la semana busca mantener. Esto es lo que le sucede después de un partido a quién a base de tecnología y esfuerzo constante, mantiene la cancha.
Este es el lugar donde se plasma todo lo practicado y lo realizado durante la semana. Todo se resume en 90 minutos en el terreno. No importa si entrenaron horas, o si concentraron decenas de días lo que cuenta es lo que pasa en la cancha. Amigo de los exitosos y enemigo de los fracasados (futbolísticamente hablando), el campo de juego simplemente cumple con su trabajo, soportar a toda esta gente que se para sobre ella.
Muchos se encargan de analizar el campo de juego, pero cuanto más lo critican más lo quieren y más lo necesitan. Si no existiese, los partidos de fútbol se jugarían en polvo de ladrillo como en el tenis y en vez de cancheros habría "ladrilleros". A los jugadores les sangrarían las rodillas y llegarían a los vestuarios sucios con polvo de ladrillo en las zonas más increíbles. Aburridas serían las previas de los partidos, pues no tienen que criticar o que elogiar por ende morirían las mismas. Los que trabajan como cámaras previamente a los partidos no sabrían para donde filmar. Enfocarían a un hombre comiendo una torta frita o a un hincha que la mujer lo hecho de la casa y se vino al templo sagrado llamado estadio 3 o 4 horas antes del partido. Los perdedores de un partido importantísimo no podrían simular dolor por ende deberían tener que conformarse con taparse la cara con una cebolla pelada entre ambas manos. Por eso y por mucho más no puede desaparecer la cancha de césped pues el mundo futbolístico lo necesita y nada sería el mismo. Testigo de hazañas y derrotas la cancha embarrada o no, estará siempre ahí ayudando a que los jugadores puedan lucirse en cancha y mostrarle un gran espectáculo a todos los presentes.
Agustín Amoretti

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