10/7/11

El regreso del Gigante de América - parte 2

Vencido Inter de Porto Alegre, Peñarol estaba en cuartos de final. Increíble. Maravilloso. El retorno de Peñarol al máximo torneo continental y estábamos entre los 8 mejores de América. Es que en la historia reciente la habíamos pasado fea, no me olvido de la goleada que sufrimos en Medellín frente al DIM (0-4) en fase previa. Pero bueno, hay que olvidarse de los recuerdos malos y seguir emocionándonos con la semejante Copa Libertadores que hicieron los hombres de Aguirre.

Decíamos, una vez haber vencido al Campeón vigente de la Copa, estábamos en cuartos de final y el rival era Universidad Católica de Chile. Los chilenos venían bastante agrandados y con razón, su fútbol era fluido, bastante bueno y con delanteros muy buenos y de gran tamaño, como Pratto. Motivos tenían para agrandarse: eliminaron de la Copa a Gremio, ganándoles 2 a 1 en Brasil y 1 a 0 en Chile. Pero además se preparaban para que Juan Manuel Olivera no les anotara, pues, en su paso en el tradicional rival de la Católica, en la Universidad de Chile, Olivera los tuvo de hijos. Todo eso en la previa, porque la fase la definió el arquero chileno Garcé. ¿Se acuerdan? Vamos a repasarlos e intentar reírnos otro poco.

Partido de ida, en el Estadio Centenario, Peñarol venía algo golpeado a nivel físico y había mermado un poco su nivel de juego, mientras que los chilenos estaban fresquitos. Lo de Peñarol era todo garra y corazón en defensa y algunas apariciones tímidas en ataque, aunque también es cierto, jugando bien o mal, en velocidad nadie nos ganaba y ahí Martinuccio era vital. Pero el golero Garcé nos tenía dos sorpresas, dos goles para nosotros. ¿Cómo? El primer horror lo comete cuando va a recoger un centro de Urretaviscaya, un zaguero impacta al arquero chileno y la pelota se le escapa tontamente de las manos, y en ese descuido espantoso estaba Juan Manuel Olivera para mandarla adentro. Pero había más en la noche del amigo Garcé. Segundo tiempo, todo el equipo visitante intentado lograr ese tan anhelado gol de visita que empatara el encuentro, en un pelotazo largo, con fines más defensivos que ofensivos, el balón debía llegar pacíficamente a las manos del guardameta, pero con el afán de agarrar rápido el balón y sacar, la pelota rebota en su cuerpo y deriva en los pies de Martinuccio, quien inocentemente fue a buscar un balón, que en la previa parecía perdido, y la manda a guardar decretando el segundo para Peñarol. 2 a 0.


Los chilenos, confiados en que habían jugado mejor y que no merecieron el perder en Montevideo, se prepararon con todo para la revancha, y el partido estuvo complicadísimo. Se prepararon bastante porque con buen toque de balón y criterio, llegaron al 2 a 0 con que empataban la serie y forzaban el alargue y los penales. Les faltaba un gol para clasificar. Peñarol no encontraba su fútbol, estaba perdido en la cancha, pero era conciente que el 2 a 2 no lo sentenciaba. Pero estaba Estoyanoff en la cancha. Ese muchachito flaco que tenía la costumbre de pintarse de amarillo el pelo y que gracias a Morena no se hizo más ese mamarracho, el flaquito estaba en la cancha. Entonces, Luis Aguiar con la pelota en sus pies, mete un centro frontal (días después afirmó que en realidad fue un "bananazo") y en el segundo palo dentro del área chica el lolo Estoyanoff, de derecha que anota el gol mirasol que nos daba la clasificación (global 3 a 2) a semifinal. Y terminó así, 2 a 1 a favor del local pero clasifico Peñarol por el global. Fue demasiado emocionante y ahí, por lo menos quien escribe, ya lo veía con serias chances de levantar la Copa Libertadores a Peñarol. Fue la confirmación de lo que se le hizo al Campeón vigente en su casa, en Porto Alegre. Y este logro frente a la Católica, otra vez en suelo chileno, recordando viejas hazañas carboneras. Fue todo muy milagroso que quedará en el mejor de los recuerdos.


Para la próxima repasaremos nuestro pasaje por semifinales, en donde nos tocó enfrentar al candidato de toda la prensa, al mejor equipo argentino... hasta entonces.

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