8/5/16

Villa Teresa 0 - 3 Peñarol Clausura 2016

Peñarol salió jugando Gastón Guruceaga, Matías Aguirregaray, Carlos Valdez, Guillermo Rodríguez, Maximiliano Olivera, Hernán Novick (66′ Miguel Murillo), Federico Valverde, Marcel Novick, Nicolás Albarracín (46′ Maximiliano Rodríguez), Diego Rossi y Cristian Palacios (46′ Diego Forlán). Los suplentes fueron Damián Frascarelli, Andrés Rodales, Luis Aguiar y Tomás Costa.

El de ayer fue un calco de los partidos anteriores. Nuestro DT sigue sin encontrar el equipo titular pero, con más culo que alma, los cambios en el segundo tiempo siguen salvando al equipo.

Ayer Da Silva nos dio el gusto a todos de ponerlo a Hernán Novick de titular, y aunque fue de lo más interesante los primeros minutos, encarando por derecha con balón dominado, con los minutos se fue apagando y terminó siendo bien sustituido.

Otros 45 minutos iniciales paupérrimos y calamitosos, que realmente costaba ver. Mal jugado, muy cortado, sin llegadas claras, con muchas faltas, mucho pelotazo. Una vergüenza. Tan malo como los anteriores primeros tiempos de otros partidos.

Sin embargo, los cambios cambiaron. Los ingresos de Forlán y Maxi Rodríguez le dieron más agresividad a Peñarol en ofensiva, y la entrada de Murillo fue fundamental para concretar las chances en la red.

Y eso fue todo. Villa Teresa hizo lo que pudo, pero los goles destruyeron la moral del equipo que además físicamente no aguantó el ritmo.


Mención aparte merece los gestos de Murillo. Totalmente un atrevido, que se acordó de la hinchada marcándole goles a un equipo descendido pero que en la Copa Libertadores brilló por su ausencia. Una total falta de vergüenza y autocrítica, menos tribuna y más goles, menos autobombo y apodos y más rendimiento Murillo. La orejita te la podés guardar y usarla en tu país, cuando seas alguien importante o ganes algo.

Diferente conducta tuvo Diego Forlán, una figura de nivel mundial, que ganó en todos lados, en su momento el Mejor Jugador del Mundial de Sudáfrica 2010, con la vergüenza suficiente de bancarse ser suplente, las críticas (algo desmedidas e injustas) y al momento de entrar dedicarse a hacer lo suyo por el equipo.

Peñarol ganó, y preparó de la mejor forma el partido clásico del próximo domingo. ¿Encontraremos por fin un equipo titular que rinda o nos encomendamos de aquí al final a los ángeles del fútbol para que los suplentes nos sigan salvando?

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